[Movimientos estéticos contemporáneos] – Comentarios artísticos

Desnudo reclinado (1917). Amado Modigliani (Expresionismo, Escuela de París).

Amadeo Modigliani es un artista de difícil definición que suele asociarse al expresionismo de ese pozo sin fondo que es la Escuela de París. Más que un estilo concreto, dicha escuela aglutina a artistas de tendencias muy diversas que se reúnen en torno a conceptos comunes como la huida de las vanguardias y la defensa de un arte más íntimo donde la visión interior del artista prime sobre la visión exterior de la realidad. Pero Modigliani es un verso libre: quiso ser escultor bajo la influencia de Brancusi y el crítico André Salmón terminó bautizándolo como “el pintor de la purificación. Crea una paleta propia, inventa formas… Sólo se parece a sí mismo. Es inimitable”. Esta obra es uno de los veintidós desnudos que Modigliani pintó en toda su carrera, en ella pueden verse las características de su genio inimitable: la simplificación de las formas, las proporciones alargadas, los contornos marcados con fuerza, líneas gruesas y fluidas. Un cuerpo esbelto que se opone al espacio en planos diferentes de color. No hay una perspectiva clásica. El cuadro emana sensualidad, pero también tristeza. Pies y manos fuera de encuadre, el cuello prolongado tan característico en él, la melancolía en un rostro de mirada lánguida en el que puede observarse la influencia de Picasso y la reminiscencia de las máscaras africanas.

En Modigliani puede verse la economía cromática de Cezánne, el arabesco de Toulousse-Lautrec, el colorido fauve, la influencia de todas las corrientes con las que se mezcló en su tumultuosa estancia en París. Pero el italiano reinterpretó todo para crear un estilo propio, genuinamente identificable, que le permitió convivir al margen de todas las vanguardias con las que se relacionaba.

En el Lapin Agile (1905). Pablo Picasso (Post-impresionismo)

Apenas llevaba Picasso cuatro años en París y cuenta la leyenda que hizo este cuadro para saldar deudas con Frédé Gérard, dueño del cabaret de Montmartre donde se pasaba la vida. Lo cierto es que ‘Au Lapin Agile’ estuvo expuesto en este local de manera ininterrumpida desde 1905 hasta 1912. La pintura pertenece a las primeras obras del denominado período rosa del pintor, tal vez por esto preserva todavía el aroma de melancolía del período azul. Aparece en primer plano el pintor autoretratado bajo la apariencia de un arlequín y en segundo plano Germaine (Laure Gargallo), un personaje circense y la mujer junto al colorido de las dos figuras, que son características inequívocas de las obras que aglutinan esta etapa en Picasso. El hombre que toca la guitarra al fondo es el dueño del local con el que supuestamente el autor trataba de saldar cuentas pendientes. Los personajes tienen la mirada perdida, no interactúan, lo que evoca una escena fría, un recuerdo claro del período (azul) que Picasso acababa de abandonar. Es una pintura que ilustra la vida bohemia de París, tal vez influenciado por los carteles de Toulouse-Lautrec, a quien Picasso admiró tanto. El período rosa duraría todavía dos años más, hasta que el artista andaluz se adentrase en una de las grandes rupturas de la Historia del Arte: el cubismo, la gran creación de Picasso, un genio inabarcable que no paró de evolucionar, de experimentar, de llegar a terrenos nunca explorados hasta el fin de sus días.

El sembrador a la puesta de sol (1988). Vincent Van Gogh (Post-impresionismo).

Vincent Van Gogh es uno de los pilares -junto a Cézanne, Gauguin, Toulousse-Lautrec- del post-impresionismo, un movimiento de corta duración en el tiempo que fue precursor directo de la explosión de las vanguardias del siglo XX. Como evolución directa del impresionismo, bebe de sus fuentes, los artistas se obsesionan por la representación de la naturaleza y mantiene similitudes en la pincelada, esa impresión que no es sino mancha en el plano corto y necesitará distancia para que la óptica de quien lo visione pueda componer la imagen. Los artistas post-impresionistas devuelven la importancia al dibujo y a la captación de la luz frente a un impresionismo que había diluido la forma de los objetos.

Van Gogh se prodigó en las pinturas sobre la naturaleza pero también sobre su intimidad (La habitación, sus retratos…), tal vez por la necesidad de reflejar su proceloso mundo interior. En sus cuadros la imagen tiende a contorsionarse para crear atmósferas atrayentes, desesperantes, angustiosas. Durante los primeros tiempos desde su llegada a Arles y antes de la tumultuosa convivencia con Gauguin, la figura del sembrador fue una de sus fuentes de inspiración preferidas, especialmente a través de un cuadro de Millet que el artista holandés consideraba perfecto por el valor simbólico del hombre en medio de la naturaleza con su acción generadora de vida. El sembrador a la puesta de sol es una composición que costó mucho al artista y de la que no quedó nada satisfecho, tal vez por no estar acostumbrado a pintar sin modelos de referencia. El cuadro está dominado por dos tonos que se complementan, el violáceo del campo y el sembrador en claro contraste con el amarillo del cielo y las espigas. El sol ocupa el centro y sus trazos radiales provocan una mayor luminosidad a la escena, el hombre queda desplazado. Quizás en este posicionamiento Van Gogh estuviese ensayando acerca del simbolismo del que tanto le hablaba Gauguin, que estaba a punto de llegar a Arles para un encuentro trascendental en la Historia del Arte.

Leave a Reply