{"id":1711,"date":"2015-05-23T22:23:45","date_gmt":"2015-05-23T22:23:45","guid":{"rendered":"http:\/\/loslibrosquehayenmi.com\/?p=1711"},"modified":"2021-04-08T16:44:02","modified_gmt":"2021-04-08T16:44:02","slug":"papa-quiero-ver-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/joseluispineda.es\/index.php\/2015\/05\/23\/papa-quiero-ver-el-mundo\/","title":{"rendered":"Pap\u00e1, quiero ver el mundo"},"content":{"rendered":"<p>Desde la Tribuna de El Arc\u00e1ngel no puede verse el mundo. Eso debi\u00f3 pensar Francisco, el\u00a0hijo, despu\u00e9s de haber nacido al cordobesismo en la Segunda B, de sentirse atrapado tantos a\u00f1os en Segunda. Con el gol de Uli se abri\u00f3 un horizonte nuevo y se derrumbaron los muros de la bendita c\u00e1rcel en la que Francisco se atrapaba cada quince d\u00edas. Aquella noche, con apenas doce a\u00f1os, supo que hab\u00eda llegado el momento que tantas veces hab\u00eda imaginado. Por fin ver\u00eda de verdad a Messi, al Real y al Atl\u00e9tico de Madrid, por fin C\u00f3rdoba se abrir\u00eda a un mundo desconocido, saldr\u00eda en los telediarios y tambi\u00e9n en alguna p\u00e1gina del peri\u00f3dico. Paco, el padre, no pod\u00eda ni imaginar el alcance de aquella frase ingenua que su hijo le dirigi\u00f3 un veintid\u00f3s de Junio: \u201cPap\u00e1, quiero ver todos los partidos, tienes que llevarme a todos los campos\u201d.<\/p>\n<p>La temporada de su vida empez\u00f3 en aquella marea blanquiverde que invadi\u00f3 el Santiago Bernab\u00e9u. Padre e hijo se subieron al autob\u00fas de la Pe\u00f1a Cordobesista de La Carlota y nunca se hab\u00edan sentido tan acompa\u00f1ados en un sentimiento que, con frecuencia, les hab\u00eda resultado marginal. Sentir en blanco y verde hab\u00eda sido hasta entonces una manera de sentirse solo entre la muchedumbre, un exilio interior, ser extranjero en tu propia tierra. Pero de repente, en aquel regreso triunfal se contaban por decenas los autobuses que cruzaban Despe\u00f1aperros cargados de ilusi\u00f3n cordobesista para debutar en uno de esos escenarios que solo se ve\u00edan en la televisi\u00f3n. En el campo del Madrid, el resultado era lo de menos, se perdi\u00f3, como era de esperar, pero la imagen del equipo barruntaba una temporada de vino y rosas.<\/p>\n<p>Los primeros viajes se sucedieron por inercia. Almer\u00eda, Valencia, Getafe, Atl\u00e9tico de Madrid. El estadio del campe\u00f3n recibi\u00f3 al C\u00f3rdoba en noviembre como si fuera mayo. El abuelo y su Trupe, la Familia Blanquiverde, Viajes Vilacor, Viajes Mezquita, era f\u00e1cil encontrar compa\u00f1eros de viaje, resolver la forma de llegar al pr\u00f3ximo partido. Los resultados empezaban a vislumbrar lo que a lo peor iba a venir pero la ilusi\u00f3n de Francisco, el hijo, estaba intacta. En el camino de vuelta de cada viaje se esmeraba en preparar el siguiente. Vigilaba los horarios, temeroso de los partidos que tocaban en lunes, de los de la \u00faltima hora del domingo, porque eso significaba faltar al instituto y aquello complicaba m\u00e1s las cosas. Paco, el padre, camarero y jornalero a tiempo parcial, buscavidas a tiempo completo, hac\u00eda n\u00fameros con la calculadora de la vida, sabedor de que la ilusi\u00f3n de un ni\u00f1o no es algo que pueda cuestionar el dinero.<\/p>\n<p>El d\u00eda del Elche fue la primera sensaci\u00f3n de impotencia, cuando se merece ganar con tanta claridad y no se hace, es el aviso latente de que nada bueno va a venir. Paco, el padre, que de ni\u00f1o andaba desde el Figueroa hasta el Viejo Arc\u00e1ngel, para despu\u00e9s saltar la valla de preferencia y colarse en los partidos, lo sab\u00eda, pero \u00bfqu\u00e9 importa lo que puede pasar cuando tu hijo te pregunta c\u00f3mo ser\u00e1 Bilbao?<\/p>\n<p>San Mam\u00e9s, Bilbao entera, recibi\u00f3 a las gentes de C\u00f3rdoba ense\u00f1\u00e1ndoles la verdadera esencia del f\u00fatbol, la verdadera grandeza del amor a unos colores. \u201cUna de las cosas que me llevo de este a\u00f1o es c\u00f3mo ha cambiado mi concepto de los vascos, que estaba lleno de prejuicios. En Bilbao nos convidaban en los bares. Cuando ganamos, la gente se qued\u00f3 aplaudi\u00e9ndonos\u201d, cuenta Paco, el padre, que frente al Athletic recibi\u00f3 con estremecimiento el primer abrazo de Francisco, el hijo, que apretaba con la fuerza del que ha esperado tanto para poder vencer. Ah\u00ed supo que aquello era un viaje sin retorno, un viaje que habr\u00eda de terminar en Ipur\u00faa.<\/p>\n<p>Barcelona y la inmensidad del Camp Nou. Vallecas, el recuerdo de Paco, y la sensaci\u00f3n de que salvarse no ser\u00eda tan dif\u00edcil. Vigo, el territorio lejano. Sevilla, la impotencia mayor. Cornell\u00e1, el lugar en el que los horarios jugaron una mala pasada y un atasco de \u00faltima hora los dej\u00f3 sin la primera parte del partido. Hacer dos mil kil\u00f3metros para ver un partido de f\u00fatbol y llegar a la mitad es una de esas cosas que derrumbar\u00edan a cualquiera que no ha sentido nunca el cosquilleo de la pasi\u00f3n a la que avoca esto. Francisco, el hijo, lleg\u00f3 all\u00ed como si el partido no hubiera empezado, y disfrut\u00f3 de aquellos segundos cuarenta y cinco minutos, con derrota incluida, como si hubiera sido la final de la Champions. No hay nada que, envuelto en la bandera de los colores que amas, pueda estropear la realidad.<\/p>\n<p>M\u00e1laga, Anoeta. Con cada viaje, m\u00e1s cad\u00e1veres en el camino, menos hombros para sostener el fracaso. Se acabaron las pe\u00f1as, los viajes organizados, se acabaron las agencias. Lleg\u00f3 la hora de la carretera y manta. Un padre y un hijo detr\u00e1s de un equipo que se desangraba a borbotones, con la misma intensidad con la que Francisco, el hijo, manten\u00eda la esperanza.<\/p>\n<p>Muchos kil\u00f3metros a la espalda y ni una sola queja, siempre hab\u00eda un motivo para creer: \u201cHoy vamos a ganar pap\u00e1\u201d. Pero no, no fue hoy, ni ayer, ni tampoco ma\u00f1ana. En San Sebasti\u00e1n, Francisco, el hijo, se quebr\u00f3 por fin. Aquella expulsi\u00f3n maldita, aquel gol ilusionante y al final, la misma decepci\u00f3n de siempre. En Anoeta, un domingo por la noche, a m\u00e1s de mil kil\u00f3metros de su casa, Francisco, por primera vez, rompi\u00f3 a llorar. All\u00ed, tan lejos, despu\u00e9s de haber atravesado un pa\u00eds medio nevado, ya no pudo aguantar m\u00e1s, y atrap\u00f3 su rostro entre las manos y llor\u00f3 toda la pena que llevaba dentro. Paco, el padre, le ech\u00f3 el brazo por encima, y con la incomodidad propia de los hombres que no saben llorar, trat\u00f3 de consolarlo, de decirle que no estaban tan lejos del hogar para estar tristes, sino para tratar de disfrutar. No fueron las palabras de su padre las que consolaron a Francisco, sino las de los seguidores donostiarras que lo rodeaban, que lo arroparon con un aplauso que nunca olvidar\u00e1 y le repitieron con ese acento inconfundible que nada de llantos, que un tipo que se recorre Espa\u00f1a persiguiendo aquello que ama tiene que levantar bien alta la cabeza. Hoy tocaba perder, pero ma\u00f1ana tocar\u00e1 ganar. A\u00fapa chaval. Francisco todav\u00eda no lo sabe pero all\u00ed, en aquella g\u00e9lida noche de San Sebasti\u00e1n, aprendi\u00f3 en diez minutos algo que muchos no aprender\u00e1n en toda una vida.<\/p>\n<p>En Riazor se sintieron solos por completo. Desde que el desastre se empez\u00f3 a consumar, el abandono fue masivo, pero siempre hab\u00eda alguna casualidad que los juntaba con alguien que compart\u00eda su locura. En Coru\u00f1a, por primera vez, solo hab\u00eda azul y blanco. Ni rastro de un correligionario en aquel lugar tan cercano al fin del mundo.<\/p>\n<p>En Villarreal, un portero est\u00fapido le hizo a Francisco, el hijo, quitarse la bandera en la que, envuelto, hab\u00eda salido a conocer el mundo. Las palabras del padre no sirvieron para hacer entrar en raz\u00f3n a la bestia y Francisco dobl\u00f3 con mimo su ense\u00f1a y la guard\u00f3 en aquella taquilla solitaria a donde volvi\u00f3 a recogerla al acabar el partido, con otra decepci\u00f3n a cuestas.<\/p>\n<p>En los partidos de la verg\u00fcenza, Levante, Granada, Francisco, el hijo, recuper\u00f3 la mirada de ni\u00f1o que ahora ya empieza a perder y Paco, el padre, le ayud\u00f3 a mirar para otro lado. Empezaron a recordar la haza\u00f1a que todav\u00eda no hab\u00eda terminado, la mala suerte, el buen equipo, los detalles, lo que pudo haber sido y no fue, y as\u00ed, los dos acabaron convenci\u00e9ndose de que nada hab\u00eda sido el desastre que todos dibujaban, que el equipo estuvo siempre mucho m\u00e1s cerca de lo que tal vez pareci\u00f3.<\/p>\n<p>En el horizonte queda el broche de esta historia. Otros mil kil\u00f3metros de ida y vuelta en ese Suzuki Vitara maltrecho de tanto viaje fracasado para presenciar el partido que no le importa a nadie. Un partido que puede parecer intrascendente hasta que uno conoce la historia de un padre y un hijo que acompa\u00f1aron al C\u00f3rdoba desde el primer paso hasta el \u00faltimo en su paso por Primera. Un viaje que termina all\u00ed, en esas tierras vascas que nunca van a olvidar, porque fue all\u00ed donde vieron por fin ganar al equipo por el que les late el coraz\u00f3n y porque tambi\u00e9n fue all\u00ed donde el ni\u00f1o que tan joven est\u00e1 viviendo el a\u00f1o de su vida, rompi\u00f3 por fin a llorar toda la tristeza que le empapaba el alma.<\/p>\n<p>El s\u00e1bado culmina una de esas historias bonitas que se esconden detr\u00e1s de cualquier fracaso. La pasi\u00f3n por unos colores llevada al extremo, la ilusi\u00f3n inagotable de un ni\u00f1o por salir por fin de El Arc\u00e1ngel y empezar a recorrer el mundo, el esfuerzo tit\u00e1nico de su padre por preservar su inocencia, por hacer posible lo imposible, y conseguir que su hijo pudiera por fin so\u00f1ar despierto.<\/p>\n<p>Se acaba la Liga, se acaba la Primera Divisi\u00f3n para el C\u00f3rdoba, se corre la persiana de este a\u00f1o que se inici\u00f3 en la mente de muchos con aquel ag\u00f3nico gol de un mejicano. Francisco, el hijo, empezar\u00e1 desde el domingo a recordar y un d\u00eda, de repente, se dar\u00e1 cuenta de todo lo que aprendi\u00f3 mientras diger\u00eda disgustos al lado de su padre. Paco, el padre, podr\u00e1 mirar a los ojos a su hijo y saber que el viaje interminable de esta temporada entrelazar\u00e1 sus vidas para siempre. Viaje sobre viaje, derrota sobre derrota, kil\u00f3metro a kil\u00f3metro, Francisco, Paco y el C\u00f3rdoba, estar\u00e1n unidos para siempre.<\/p>\n<p>Desde la tribuna de El Arc\u00e1ngel, Francisco no pod\u00eda ver el mundo pero ahora, pase lo que pase, as\u00ed fueran otros cuarenta a\u00f1os de espera, desde su gastado asiento blanquiverde, podr\u00e1 ya verlo todo, solo necesitar\u00e1 buscar en el recuerdo del a\u00f1o de su vida.<\/p>\n<p>Publicado en <a href=\"http:\/\/www.cordobadeporte.com\/cordoba-cf\/papa-quiero-ver-el-mundo\">Cordobadeporte<\/a> el 23\/05\/2015<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde la Tribuna de El Arc\u00e1ngel no puede verse el mundo. Eso debi\u00f3 pensar Francisco, el\u00a0hijo, despu\u00e9s de haber nacido al cordobesismo en la Segunda B, de sentirse atrapado tantos a\u00f1os en Segunda. 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